Oh, que olor tan extraño desprendía tu cuerpo,
nunca lo había percibido antes,
parecía sacado de los árboles del paraíso,
mismos qu nunca supieron de su existencia;
mi cuerpo quedó impregnado de tu aroma,
los poros de mi piel se negaban a liberarlo
por temor a quedarse sin aliento,
por temor a morir sin haberlo probado.
Nunca había sufrido tanto en la vida,
cada intento de alejarte de mi cuerpo
hacía palidecer mi rostro en rebeldía
por tus intentos de dejarme abandonado;
una estela de humo cubrió mi rostro
sin ver por dónde te habías marchado,
a la distancia nada se miraba
ni siquiera el rastro de tu cuerpo marchitado.
El olor de tu cuerpo volvió a mi
llenó de alegría mi pobre alma,
y como elixir de la vida le bebí
para volver a ti, así, cada alborada.

4 comentarios
golosinas
28 jun 2008 | 12:57 PM
un olor hace que hasta se erice el bello de nuestro cuerpo; un olor es una sensación que altera los sentidos.
me encantó tu poema, amigo.
muchos besitos.
rajugo
28 jun 2008 | 09:32 PM
Gracias golosinas y es un placer saber que te ha gustado este pequeño texto que trata de develar mi visión sobre la vida. Espero sigas visitando como siempre esta tu casa.
Un abrazote con mucho cariño.
lo-que-hay
2 jul 2008 | 12:03 AM
Hola rajugo
Hay que ver las sensaciones que provoca el olor intenso de un cuerpo impregnado de su aroma. Hay que seguir bebeiendo para disfrutar cada alborada.
Saludos
rajugo
2 jul 2008 | 01:51 AM
¡Claroooo, amigo!, ¡Claroooo!, jejeje. Hasta embriagarse del aroma sutil de la piel amada...¡ni un paso atrás! Un fuerte abrazo; que estés bien.
Escribe un comentario